viernes, 23 de diciembre de 2011

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"más que verte a ti querer"... claro. Maldito egoísmo, y la falsedad que arrastro hasta a tu cara. Maldita tu cara, y todo lo que amas de desde ella. Malditos los pedestales que arrojas con tus manos, y todas las miradas que vienen desde abajo. Y desde dentro.
Malditas las ironías y todo lo que retuerzo. Maldita la cobardía, y el miedo. Y el miedo a ser cobardes. Malditas todas las veces en que no nos hacemos cargo de lo nuestro, y todas en las que cargamos con lo que no nos toca. Malditas las latas llenas de momentos que recuerdas, y malditos los momentos en que conviertes algo en un recuerdo, guardándolo. Malditas las palabras sinceras que se olvidan del tacto, y todo lo que se hace sin pensar... si, malditos los impulsos, y malditos también los planes. Los mapas que no dejan que te pierdas tranquilo, y la falta de dirección también la maldigo.
Maldigo la honestidad que solo asoma unos segundos al día, los papeles que pierdes, las verdades en la cara.
Malditas sean todas las luchas entre iguales. Y sobre todo, maldita lucha de contrarios.

jueves, 8 de diciembre de 2011

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Quizá todo esto sea un gesto egoísta (un gesto enorme, eso sí. Y hasta bonito.) para encontrarme, a trozos, reflejada en ti. Un movimiento lento para volverte proyección de mi regreso.
El intento de escupir el granizo y ese olor a madera vieja, de romper las pocas baldosas que me dejó para caminar ahí: en el límite de mí. (mi hilo de suelo) Puede que solo sea una manera de no usar mi nombre como responsable del derribo. A golpes, golpes lentos. (mi hilo de suelo, quebrándose) Porque puede que no me importe nada más que salir, y sabes lo que es. Conoces este sabor, y lo hueles a veces… cuando vuelve.

Quizá sea egoísmo, o ineptitud. O tonterías, muchas y muy juntas. Pero no se distingue estando en medio. Se necesita sensatez. La sensatez que solo te dan las cosas que ya han pasado. Cuando queda ya todo por detrás y puedes mirarlo, como una pequeña representación de lo absurdo. Ajena y leve.
(muy leve)