miércoles, 5 de septiembre de 2012

20



No lo habías pensado más pero estabas ahí, intentando salir de otra de tus trampas. De las tuyas propias. Miraste aquellas paredes y de pronto todo te pareció un cementerio, un montón de ruinas de madrugadas olvidadas. Estabas ahí en medio, junto a alguien que viajaba por lugares a años luz de ti, quizá también con sus escombros y sus tumbas, pero lejos, lejos de ti y de esa cama.
Y ¿cómo vas a irte? No te sientas fuerte ni poderosa por saber abrir la puerta, no sigas confundiendo las cosas. No es un gesto de fuerza el que te mueve, es la inercia de huir. Cobarde. Sabes quién ser por la noche pero nunca te has preguntado por las mañanas ¿qué papel quieres? Las calles sin luz siempre te dejarán mentir. Las baldosas se vuelven borrosas como tus pupilas y tus papeles. En la cama sola nunca sentirás el vacío de algunas camas llenas.

martes, 28 de agosto de 2012

19



Te he visto minarte tantas veces que he aprendido a reconocer donde pongo mis propias bombas. Y es que no te dabas cuenta de donde rompías tus verdades y acababas así, perdiendo las palabras entre giros estúpidos, sobre las mismas curvas en las que elegiste perderte a ti. (ELEGISTE)

No sabes la cantidad de cosas que podría decirte y que ya no reconocerías como tuyas, pero te juro que aquí son, te juro que en mi cama siguen estando mis verdades, porque aprendí a no tirarlas.
El suelo estaba para pisarlo, no para reptar.

martes, 7 de agosto de 2012

18



“Si todo acaba siendo una sala de espera, que quieres que te diga. Son espirales enormes, cruzas rectas y triángulos. Y se acaban. Podría decirte que lo aproveches. Si todo lo que buscas acaba siendo una tela que tapa algo más allá, una piedra que quieres patear para seguir y alcanzar lo que siempre está más lejos... que quieres que te diga... por lo menos disfruta de la patada, no? es lo mínimo. Disfruta de la espera porque todo va a serlo. Te acostumbrarás supongo, y no te creas que se te hará lento, para nada, y eso es lo peor. Te quedará una voz extraña y gestos como de otro... 

Tenías cara de verlo. Veías que era la verdad rompiéndote la cara. Me recordaste a mí buscando y por eso te digo que tengas un poco de cuidado. No le encuentras el nombre, seguro, y si no lo tiene será por algo. Te quedan llaves sueltas y noches rotas que ya no quieres. Pero esto no te va a dar nada más… nada más… sales a buscar o te encuentran, entiérrate. Querías esa mirada oscura que se te clavó robándote con las manos desnudas, y aquí estás. Esperando.”

viernes, 13 de julio de 2012

17



Leyó una vez que se leía para salvarse. Pero él ya no sabía por qué tenía que hacerlo.
Y tras las páginas paraba y suicidaba su mirada hacia la ventana, en un silencio que seguramente estallaba de ruido. Y quizá más tarde le preguntaría por todo lo que había tragado durante el día. Y su cara fuerte, su cara fuerte, no lo dejaría salir. Pero yo solo tengo un título casual, aleatorio como él. Así que solo supongo, y supongo que no le hará falta escuchar todo aquello, que ella sí estará esperando esa salvación y sigue ahí porque a veces, en momentos cortísimos, la encuentra.
Quizá junto a unas sandalias medio rotas
o tras la fuerza que él no sabe.
Y supongo, supongo que no es así. Y que llegará a lo que sea su casa, y mirará la televisión Y pensará que nunca nadie le ha dicho nada sobre su cara porque nunca le ha importado (O eso quiere creer) y se irá a dormir diciéndose que al menos no está vacío Y nadie mirará sus sandalias y le dirá que se compre otras
Y nadie preguntará por sus marcas. Aunque las cicatrices no son siempre señales de guerra. A veces son una simple idiotez, como volver a casa o mirar por la ventana del tren.




(Como si nunca más sintieras que alguien tiene que salvarte.
Y nunca jamás salvar a nadie, de nada. Ni querer hacerlo.)

viernes, 6 de julio de 2012

16



Tenían que saber, que todo aquello le rodearía.
Como las balas rompen el aire por el que pasan. Ahí queda, el aire roto.
Tras la vías las rocas, las ramas y ladrillos. Los edificios olvidados, con los ecos de otro siglo. Toda esa vida contrarrestada por la fuerza de una velocidad que las atravesó de repente. Fuera de su tiempo, las periferias. Tenían que imaginarlo. Montañas de ausencias revueltas en piedras
                  (más aire roto)
Y es quizá ahí donde se queda la belleza, a veces. En lo que no esconde su verdad. El lo que no debe tener vida, y no la tiene. En lo que debe destruir, y destruye. En la mirada que puede quebrarte. Y lo hace.

Tenían que conocer la muerte, quienes pusieron ahí los trenes.

domingo, 10 de junio de 2012

15



(y si vuelves a oír los gritos de la noche,
si vuelves a abrazar los extremos,
si vuelves a ver puertas anunciando rendiciones…)

Rasguñan el estómago, los imperativos. Se quedan ahí, en lo hondo de lo encontrado, como segundos suspendidos que se graban en una memoria de piedra /desierto fértil/
Y desatas las visiones perdidas entre aires nuevos. Vuelve el tacto y los destellos de piel y cristal. Y que vuelva a gritar.
/que se apaguen los ojos claros/

Y que nada se encienda ya.

domingo, 27 de mayo de 2012

14




Son esos momentos lentos... sabes que no es el tiempo de siempre, todo desacelera y pasa tan cuidadosamente que parece no pasar nada. Lo que antes estallaba ahora se disuelve... lento, en su momento. Olas de arena.

Y giran envueltos los caminos conocidos y los incendios que nos encontraron dentro. Cada pared y cada vértigo hecho ya viento, alrededor de esta idea que es como un disparo. Y la bala encuentra la mañana... si sobrevive a la noche, pensé, será una certeza.
                                                       Certezas que no sabes mirar a la cara.
Y mírala burlándose de tu mirada. Esparciendo la mancha por dentro. Mírala, y agárrala. Es tu certeza. Pero recuerda, que tus rodillas no son pies, grábatelo.

...mis rodillas no son pies -se repetía- mis rodillas no son pies...

lunes, 23 de abril de 2012

13



Empiezo a entender esa manía de agarrarse al dolor que leí en tantas bocas. No es por placer, ni adicción, ni "la última forma de amar". Es por miedo, el más simple de todos. Pánico a lanzarse a lo que viene después: este asqueroso vacío. Es tremendamente grande, inmenso. 

Justo en medio de este paisaje roto.

Entre tanto espejo ya no se qué reflejo es el mío. Pero volveré a nacer cuando las montañas se tiñan de negro, como siempre he sabido hacer. Volverán a caer astillas y agua tras los ojos. Porque quizá donde me sentí más perdida
fue el único lugar en el que pude encontrarme.
Y me quedo como siempre entre la búsqueda y la espera, intentando averiguar si los metros que me separan del suelo me elevan o me entierran.

Son tan claros los edificios que se comen el suelo.
Parece que todo sabe donde tiene que acabar /hasta aquí mi cristal/  hasta aquí mi cemento/. ¿?
(Cuanto más me acerco a mí más lejos estoy de todo.)

domingo, 15 de abril de 2012

12



Lo único que importa, lo que nunca se dice.
Y quiero que sigas brillando en tu ignorancia, porque nunca seré capaz de romperla. Así que recuerda que tienes que quedarte con lo importante. Entre espumas y metales, tú solo guarda lo necesario, lo real: lo que no te digo.
Y ahí, perdido en un suelo que ya no será el mismo y en otro tiempo que me quedará lejos, podrás darle una respuesta.
Y lo sabré, no te preocupes.
Aunque no puedas gritármela con vacíos y almohadas.

Estoy acostumbrada a que el tiempo no sea el justo, todo cabalga dos pasos por detrás o tres por delante. Los cruces exactos son algo que olvidé hace mucho. Como toda esa historia de ganar o perder (que nunca la entendí demasiado).  Así que no te preocupes por eso ahora, y céntrate en lo único que puede tener sentido. En recoger los espacios en que se cierra mi boca y se encienden mis ojos.

miércoles, 4 de abril de 2012

11



Los principios y los finales, no los quiero. ¿Quién puede quererlos? Si son puro azar, coincidencias absurdas. Lo único que importa es el recorrido y todo lo que se pierde entre medio. Entre la sábana y el suelo, entre mi mano y su cara. Y toda la fuerza que las unía y las separaba. Los puntos y las comas mal puestas… no, nunca se cuidan esos detalles, y al final son lo único que queda de verdad: esquinas mal acabadas.

Pestañas – pestañas con sol – oscuridad – luz – oscuridadotravez – edificios – piernas – cerraduras – manos con llaves – pelo – pelo moviéndose entre las pestañas – viento – viento moviendo cosas – viento moviéndolo todo – ideas rotas – ideas que se pisan impacientes – tonterías impacientes – cosas que siguen moviéndose fuera – fuera y lejos – ruedas que ruedan – luces que iluminan – (que bien pensado está todo) – tonterías que siguen pisandNunca para el viento, quizá no sabe como hacTodo lo que no para. –

Y de todos los fotogramas quiero lo que se cae en medio: el silencio que los une y los separa.

lunes, 26 de marzo de 2012

10



(Desde el desprecio todo queda tan bajo… y es genial estar debajo de vez en cuando. Cuando aprendes a moverte ahí…oh. Como se echa de menos. Cuando ya no vales nada, que más te da todo el resto.
Te juro que lo echarás de menos.
Y hay muchísimas cosas que arrastran hacia abajo, pero la verdad es que es uno mismo el que decide ceder. Dejarse ir. Puedes culpar a un puñado de nombres que no supieron hacer nada más que detonarte. A un par de manos que sabían pegarte desde muy lejos. Desde más allá de la fuerza y la carne, mucho más lejos. Desde el rencor, desde el orgullo partido. Puedes hacerlo, pero de poco sirve.)

No entendí lo que era “volver” hasta que pise lo subterráneo.
Así que a la mierda el equilibrio y la paz interior. Voy a morirme de nervios, a reventar de impaciencia. Voy a buscarme un dueño, y a romperme. Romperme en los pedazos que quiera, si quiero. Con mis manos como arma. Voy a buscar más abajo de lo más bajo, y a arrastrarme. Son mis medias y las rompo si quiero. Cada noche: medias rotas. Si quiero. El control y el abandono cogidos de la mano, voy a dejarme.
Voy a buscarme una correa bien corta.

Porque como se echa de menos.

viernes, 9 de marzo de 2012

9



A veces haces algo sin querer. Algo que lleva atado un principio. Y así, sin querer, das pie a un inicio. Y todos los inicios empujan finales, y los finales vacíos, y los vacíos problemas, y los problemas crisis, y las crisis una grieta, y las grietas se vuelven, sin tampoco quererlo, principios.
  
Pues eso, que las ideas son así, vienen. Y no le puedes hacer nada. Como las respuestas a preguntas que  parecen imposibles. Vienen. Y te jodes. Ya no la puedes ignorar porque la tienes ahí, te guste o no, llegue a tiempo o años tarde. Aunque no la necesites. Viene la respuesta - viene la idea. Y ya está. ¿Qué haces ahora con eso? Porque todas las respuestas generan más preguntas, las preguntas más problemas, los problemas crisis, la crisis…pues lo de antes: principios.
Y entre una cosa y la otra acabas harto de empezar y reinventarte y corregirte y pensarte y analizarte y joderte y mirarte. -Esto lo hago mal. Siempre escojo mal. Siempre busco lo mismo. Tengo que cambiar, tengo que cambiar. Tengo que empezar a mirar mejor, o tengo que dejar de buscar a un padre, o tengo que dejar de buscar una hija o de serlo, y hacer ejercicio, o parar de buscar gente que se quiebra, o parar de quebrarme, y comprar menos y ahorrar más, o dejar de mirar a los bebés como queriendo uno, y comer bien, no ser vaga, producir, aprender, leer más, dejar de decir “no sé”, pensar con la cabeza, transgredir, ser paciente- y toda esa porquería que se supone que dan los años que no tengo.

jueves, 19 de enero de 2012

8



Ya no te quiero, niña.
No quiero todo lo que eras tras ese portal. No quiero tu ropa de domingo, ni los dulces ni los helados, ni todo ese calor de verano. No quiero volver a ver el número 10, ni cascos, ni la camiseta que ahora se pudre en mi armario. Con tu nombre y el suyo.
Ya no te quiero, y te mataría. Te mataría. Pero sé que seguirás viva en ideas que ya no son mías, en un tiempo que no controlo ni conozco, y tú tampoco, niña. Tú tampoco. Seguirás paralela, quiera o no, porque eso fue lo que prometí. Que seguirías ahí, eterna. Que seguirías ahí, en la eterna búsqueda de tu eterno hombre, eterna niña. Aunque yo ya no te quiera.

Ni te escuche.

Ni te entienda.

lunes, 9 de enero de 2012

7



Te gustaría leer sobre esas cosas que no suelen estar escritas. Te gustaría leerlas para encontrarle los nombres y sus verbos, que se te pierden entre renglones llenos.
Nadie te habló de que se olvidan los plurales, y las señales. No te contaron nada sobre el espectador. Ni lo nombraron.
Nadie te habló tampoco de los billetes de ida y vuelta. Ida y vuelta - ida y vuelta - ida y vuelta. Siempre se vuelve. Aunque te encantaría arrancarles los retornos. Nadie te explicó de lo que uno es capaz con tal de no arrastrarse por las líneas rectas de la apatía. Y mucho menos lo que cuesta reconocerlo.

(Solo quería ángulos, solo quería ángulos...
y verte arrojar palabras)